La Casa del Azahar, una casa palacio del siglo XVIII, debe su nombre al inmenso naranjo que preside su patio. Un naranjo de doscientos años que es seña de identidad de la casa y que en primavera impregna de olor a azahar todo su entorno. Olor andaluz, fresco y limpio que caracteriza las noches misteriosas de Andalucía.

La rehabilitación de la casa ha sido hecha con sumo cuidado y respeto a la arquitectura local, recuperando materiales como suelos, tejas, puertas y ventanas y dejando espacios limpios, blancos y llenos de luz que dan cabida a una decoración sencilla y desnuda de superficialidad ornamental. En la casa se descubren bóvedas, techos de vigas de madera, “sobraos”, barro y cal. Pura esencia arquitectónica vestida por suelos árabes llenos de color: azul, amarillo, verde o rojos rotos. Una delicia para el más puro hedonismo.